AUTOPOÉTICA
DEL NIÑO QUE ESCRIBÍA EN LOS VIDRIOS EMPAÑADOS

Debo confesar que nunca se me dio bien esta parte del trabajo, la de hablar de mí. También debo confesar que una de los defectos más grandes que reconozco en estos tiempos actuales es la de no saber vender mejor mi producto (¿es esto realmente?). Pero como cobarde tampoco soy, vamos a ver que es lo que sale. Quizás para no complicarme mucho la vida, trataré de responder algunas preguntas que me preocupan particularmente, y tengo la esperanza de que, al menos aquellos que lean esto, no se hagan más. Las preguntas son canónicas y, sin embargo, básicas y se concretan en ¿Qué ?, ¿Por qué ?, ¿Cómo ?, ¿Cuándo ?, ¿Dónde? ¿Para qué y para quién?

  1. Que? La respuesta parece sencilla, pues no hay más que ver una de esas fichas que circulan en la red, y que contiene libros por uno publicados desde diciembre de 1990 en que apareció “Ártico” hasta “El espejo y el Dragón”, que salió de la imprenta al final de febrero de 2005 , y por tanto es el último publicado. En la lista se pueden encontrar libros de historias (Ártico, Ringside, El ladrón de esperma, Los ciclos del bambú), novelas (En Paso del Noroeste, Malaria Sentimental, Papaventos), diarios (Diarios de un nómada), libros de ensayos científico-literarios (Contours , Mundiños, Manual de instrucciones), poesía (En los dominios de Leviatán, Glosarios) y literatura infantil (El espejo y el dragón). Quedan fuera de la lista los libros colectivos donde he sido llamado para colaborar en varios temas, ideas o solidaridades, así como las docenas de artículos de opinión recopilados en periódicos, revistas y sitios web (uno no se avergüenza y habla de lo que sabe y de lo que no, expresando las ideas que pasan por la cabeza, con resultados brillantes o ruines dependiendo de las opiniones de cada uno). Un ficcionista, dirían. No lo se Hay una línea sutil y desvanecida que separa la realidad de la ficción como si fueran dos gases, los dos expandiendose en un volumen cerrado, mezclándose hasta que es imposible saber dónde está uno y dónde está el otro.

  2. Por qué? La verdad es que escribo para lo mismo que todos mis colegas, para satisfacer el ego (muchos nunca lo dirán, pero cuidado con ellos, son, sin duda, mentirosos). Lo que sé con certeza es que no escribo para hacer un país o para guardar el idioma, ni para dignificarlo, ni de ninguna otra manera para salvar la patria. Ningún comisario político me dirá desde una silla (aunque les guste, pobres, que de alguna manera han alcanzado esa posición de orgasmo académico) si tengo que escribir un romance o un ensayo, una colección de historias o poemas épicos. Nadie me va a decir los temas de los que tengo que hablar y aquellos de los que no hablo, nadie, espero, sugerirá un camino, una progresión canónica, una “vie royale” al destino de un escritor orgánico. Mi patria no es mi idioma porque tengo dos por nacimiento, uno en el que fui educado, otros en los que estudié el pecho o la espalda, varios en los que me amaron, otros que adopté voluntariamente o por la fuerza (el exilio tiene, entre otras características, el de permitirnos sumergirnos en otras culturas y otros idiomas), y otros más que espero visitar (ilusión o desatino) en los años que me quedan. Escribo, tal vez, porque caminé mucho dentro y fuera de mí, porque mis puntos cardinales son cinco como los sentidos, o tal vez siete como los siete mares, o tres como en el espacio euclidiano, o una bandade Moebius con dos caras infinitas donde caminan angustiadas las hormigas de Escher.

  3. Como?Comencé escribiendo a mano, en los cristales empañados de las ventanas de la sala de juegos de la Rúa do Preguntiro, en el casco antiguo de Compostela. Ya en la escuela, y después de muchas tardes de caligrafía tratando de corregir mi naturaleza romántica y desordenada, dibujé con tiza mi primer corazón, todo un poema. Ya de chico del acné continue arrojando botellas al mar con mensajes encriptados, pequeños poemas que dejaba en las orillas de la Alameda de Compostela como un cruce anticipado de libros, escribiendo bonitas cartas (me dijeron) a amigos y relaciones. Luego, ya joven, llegaron los amaneceres interminables, escribiendo enojado en una Underwood que mi abuelo había traído de Uruguay, haciendo copias en papel carbón, presentándome a concursos que no gané o si (textos hoy olvidados en la bruma de los archivos de prosa no publicadas y secretas) Hubo un gran período, abrumado por el poder de aquellos que me habían precedido en el esfuerzo, y un buen día comenzó un momento en que di textos en voz alta para corregirlos y luego en las largas tardes de verano bajo el techo de la casa matriz de Porta dos Marino. Otros, en las que deambulanado por Londres o París, Ejsberg o Cuxhaven, usé una grabadora de cintas de K7. Luego vino la computadora de los amigos, y luego, con los primeros grandes salarios, compré una computadora portátil Toshiba con una pantalla LCD con sobrepeso. Duró hasta que el tiempo lo apagó para siempre después de diez años de relaciones difíciles, llevándose en su memoria de Alzheimer informático no pocos ensayos y proyectos. Ahora, recuperándome de un sentido tan perdido, sigo escribiendo a mano, en pequeños cuadernos italianos de tamaño pequeño de 96 páginas y, despúes, paso los textos a la computadora IBM que compré a Nguyen, corrijo a bolígrafo Bic en papel Xerox, lo reescribo n veces, y así sucesivamente hasta que me siento satisfecho, de modo que la similitud entre el resultado final y el proyecto inicial es, la mayoría de las veces, escasa. Olvidé decir que a veces también escribo sobre las servilletas de papel de los restaurantes, sobre los posa vases de cartón de las cervecerías, en los márgenes del periódico, en los tickets del supermercado, en el reverso de las noticias impresas de las ediciones digitales de los periódicos gallegos, en las páginas del libro que estoy leyendo en el momento de necesidad, etc. Un día, -jovén aún, escribí en el aire de una isla la palabra más hermosa que pronunciarse pueda. .

  4. Cuando?  El que no tiene mucho secreto porque se articula en varias locuciones verbales: cuando puedo, cuando quiero, cuando tengo el día y cuando me dejan. Trabajo en otra cosa (piensen que con escribir en idiomas minoritarios no se gana la vida), que es lo que podría llamarse trabajo alimentario. Luego están los fines de semana, las fiestas, los días festivos y el momento en que uno le roba al día a día para escribir todas las tardes del mundo. Esto cuando, por lo tanto, condiciono otras condiciones de mi escritura, como son "cómo" y "dónde"..

  5. Donde? Hay colegas que a menudo hablan sobre las condiciones absolutamente necesarias para su colección creativa, y no seré yo quien les quite la razón. Todos tienen sus manías, y yo el primero. Escribo en los barcos, aviones, trenes, aeropuertos y varias estaciones de comunicación, taxis, hoteles donde dejo caer mis huesos de familia reumática, cafés en las ciudades y pueblos que visito, en la casa de mis amigos que me reciben con generosidad y afecto, en los jardines botánicos, en las orillas de los parques, en las playas nudistas, en medio de los pinares y en los robles más queridos; en los zoológicos, en las calles húmedas, en los paisajes montañosos de todas las Fisterras visitadas, en las islas y lagunas, en el jardín de mis antepasados, y ocasionalmente, en mi apartamento en Bruselas o en la casa que tenemos en Vigo. A veces, acompañadosy otros solo, con música elegida o con el ambiente, desnudo o con mitones de lana para elajar el frío, ciertamente abrumado por la grandeza del mundo, o triste como un animal huérfano que no ha encontrado a nadie de su familia con quien hablar.

  6. Para qué? La pregunta no es mala, y la respuesta siempre es una justificación a posteriori (desconfíen de aquellos que parecen tener una vida planificada desde que tienen uso de razón). En las conversaciones, generalmente digo que escribo para ahorrar al psicoanalista, pero entenderán no deja de ser un poco “deja vu”. Si hubiera dicho que es para ordenar mis ideas, que es otra forma de decir que lo hago para ordenar mi mundo, el interno y el que me rodea, o para ser más feliz, también dirían que son respuestas usadas. Todo esto es cierto, pero también es cierto que lo hago para satisfacer al ego, para ampliar lo que de otro modo sería una vida menos interesante y, por supuesto, para publicar, para presentarme frente al mundo como alguien que tiene (o cuándo menos querer) tener algo que decir. Quizás también para abarloar el futuro (potencial o cinético, verdadero o falso, realidad o deseo) en mis diarios anticipatorios (contradicción de contradicciones).

  7. Para quien?

    Desconfían de aquellos escritores que dicen que no quieren publicar, exponer o entregar nada propio para compartir con los lectores. Incluso aquellos que tenemos, por elección o circunstancia de estilo, una audiencia limitada, escribimos para nosotros (narcisismo natural para toda manifestación artística) y para los otros (altruismo también consustancial para toda manifestación artística). Además, como todos mis colegas “d'ailleurs”, escribo por interés, porque como todos ellos (miente también quién no dice o pretende disimularlo) me encantaría vivir de mi trabajo creativo sin necesitar un trabajo de nutrición alternativo (en mi caso, como Kafka o Cortázar, de suerte desigual) ni escribir por orden u obligación diaria (periodista a tiempo parcial, contribuyente al dictado ideológico, escritor de la bandera de acero de tal o cual grupo de cabildeo). Escribo para todos los que quieran leerme y para aquellos que no tienen la más mínima intención, para el presente y para el futuro, e incluso para contentar a mis antepasados, para aquellos que me aman y aquellos que me odian (ya no soy un niño, y sé con certeza que hay personas que me odian, a veces, supongo, que están cargadas con sus respectivas razones), por supuesto para ser traducido a los mil y un idiomas que en el mundo son y han sido y serán, para que mi mensaje se extienda como una lluvia de pólvora, para sentirse, como todos los artistas convencidos, más cerca de la explicación de este universo en expansión..


Estas son las respuestas a las siete preguntas capitales, y son, por lo tanto, las razones de mi poesía, de mi trabajo artesanal que no conoce los pedidos ni los dictados de la moda o los mercados. Estas son sin duda las razones de mi limitado éxito, mi pobre proyección comercial, mi exiguo éxito editorial, mi lucha constante con los números, las circunstancias que ciertamente acompañan a la mayoría de los escritores del mundo, independientemente de idioma elegido Estas son también las razones de mi potencial futuro, las de mi satisfacción interior, las de la constante mutabilidad de mis textos, las de una pasión ilimitada y el alivio de la deuda con tal o cualquier grupo de poder u opción política. Razones que refuerzan mi sentido de libertad diario (tal vez inocente). Persisten, dan crédito, con terquedad sin límites precisos.

       

(Bruxelas, 31 de Mayo de 2005)

  1. As Moleskine son un encordio, ou demasiado grandes, e daquela non caben nos petos, ou moi pequenas, e daquela non dan xeito para apegar nas súas páxinas postais, ou fotos, ou afiches despregabeis, ou etiquetas ou soños; ademáis escribir nos mesmos cadernos que Bruce Chatwin ou Ernest Hemingway -como relixiosamente fan algúns benqueridos colegas- non vai facer que un escriba coma eles, e mesmo non sei se é interesante escribir coma a cadaquén se lle dea.

  2. Encántame facer publicidade, se cadra algún día me chega un agasallo por dicir que esta ou aquela son as miñas compañías aéreas favoritas, ou que o meu computador é X ou Z, ou que para saír me poño morado de Tónica Schwepss (probabelmente non se escrebe así), que é un tónico cardíaco dos mellores e disque protexe da malaria.

  3. Nas praias non nudistas, que sorprendentemente son as máis, é difícil escribir, pois un se sinte permanentemente escandalizado polo comportamento da xente, polo seu xeito de agochar partes nobres do seu ser, pola obsesión no ocultamento, polo pésimo gusto na escolla de bañadores, que definitivamente non lles van coa cor dos ollos, coa estructura ósea ou coa forma das orellas.