Festival Kanal Septiembre 2012
Un caso de antropología urbana: “La barbería de los dos mundos”

download pdf


Introducción
Me habían invitado a escribir para este festival y me habían dado como asignación una barbería situada no último tramo de la calle Antoine Dansaert, que desemboca como un afluente en el Canal de Willebroek, y que finalmente comunica Bruselas con el mar. Me habían invitado, sin más indicaciones que escribir lo que se me ocurriese, después de convertirme en un habitual de la barbería. La llamaré la “Barbería de los dos mundos”, pues en cuanto la seleccioné me di cuenta que entraba en un mundo para mi desconocido.  

Yo no soy usuario de barberías ni de peluquerías desde hace un montón de años. En casa siempre tuve alguien que me cortase el pelo. Mi madre cuando aún era un niño, una prima peluquera cuando adolescente de salir a triunfar por el mundo y, a partir de ahí, quien me acompaña desde hace 26 años y tiene experiencia suficiente para domesticar cabezas difíciles como lo es la mía.

La primera idea que me vino a la cabeza delante de semejante encomienda fue la de rechazar el realismo, el puro costumbrismo que se detiene en la descripción de la realidad observada, para internarme en la ficción, imaginando que la barbería se situaba no en Bruselas sino en Ormuz, y que yo no era otro que Sinbad el Marino, aquel que sin haber navegado jamás conocía todas las historias que del mar se contaban entre el Golfo Pérsico y la Costa Malabar, entre el Mar Rojo y la Isla de Zanzíbar, que él aderezaba a su gusto. Simplemente por analogía, procurando la convergencia de imágenes: a) la barbería, lugar tradicional para contar historias; b) Alí, Ibrahim, Mahmoud, llegados de Asia menor; c) el canal que de Bruselas me llevaba al mar, del que sentía ahora la brisa y el aroma salino y d) mi condición de viejo marinero, anclado en tierra hace casi veinte años, que tiene más experiencia de historias contadas que de historias vividas.


Material y métodos
Afirmado con la paciencia de un caracol, decidí acercarme con la casa a cuestas: una mochila donde llevaba una cámara y un cuaderno de bolsillo. La conversación fue el método escogido para el trabajo. Llegar y ver, y ya entonces, hablar con los tres barberos allí presentes: Alí, Mahmoud e Ibrahim. Alí, kurdo de Siria, que habita en Amberes; Mahmoud, palestino, que nació en Jordania y ahora vive en Hal e Ibrahim, palestino también, nacido en un campo de refugiados del sur del Líbano y que reside en Molenbeek, en la otra orilla del Canal. Llegados los tres de sus países sin tierra, sin estatuto de nación, sin otra salida, tal vez, que la violencia hacia sus vecinos.

Realicé varias visitas, en total cuatro, de mayor o menor duración, hablando alternativamente con ellos cuando estaban desocupados, es decir en los escasos momentos en los que no tenían clientes sentados en los sillones. Eso fue una constante, el tráfico permanente de clientes, de todas las edades y procedencias pero con un predominio de musulmanes, como corresponde a la composición del vecindario. El flujo fue más intenso en los días que precedieron al fin del Ramadán, como si los fieles quisieran estar arregladitos para esa fiesta que sigue al fin del ayuno. [Eid al-Fitr]

En las visitas tomaba fotos (pocas, pues la fotografía no es arte que se me dé bien) y hacía, sobre todo, muchas preguntas. Tantas hice que en una de las ocasiones Mahmoud me preguntó si trabajaba para la policía o si era del servicio de inmigración.

Supe así de sus lugares de origen y de cuando habían llegado a Bélgica, de sus turnos de trabajo y, por supuesto, de su religión, pues era evidente, por las huchas solidarias que estaban en la mesita en la que se amontonaban las revistas para entretenimiento de los clientes, que recogían dinero para los niños palestinos, para una mezquita y para un centro cultural islámico. Supe también de su carácter políglota, pues además del árabe (que era su lengua común) se defendían en flamenco, en francés (su segunda lengua de uso con los clientes), y Alí hablaba turco y kurdo. Quizás los otros hablaban otras lenguas o dialectos, pero no pude obtener más información.

De los clientes pude obtener aún menos datos, primero porque no hablaban mucho, ni tan siquiera entre ellos, y segundo porque, de alguna manera, mi presencia los intimidaba y querían transmitir el mínimo de información, como si sintiesen que algo malo podía suceder si me contasen alguna historia completa.

A partir de ahí, de las conversaciones y de las fotos, de mucho escuchar y hablar poco, de rumiar las respuestas e imaginar lo que no me contaban, fui construyendo una nube. Si, una nube de ideas y de datos a partir de la cual tendría que fabricar un texto de ficción. Con esos elementos en mano y el conocimiento de que el cerebro se desarrolla mejor y más rápidamente si uno socializa en un ambiente plagado de estímulos que si permanece aislado de la realidad (1), tenía yo que construir mi texto.


Discusión de los resultados
Como escritor me gustan las realidades complejas, de encrucijadas de caminos que se bifurcan, de retos y de obstáculos. Estaba, pues, feliz. Me llevaría días y pasaría un tiempo indeterminado sin saber cómo comenzar. Dentro de mi método está el estabelecimiento de indicios concordantes, de resonancias que nacen de lecturas precedentes para intentar poner en evidencia la coherencia que se diseña bajo un entramado aparentemente confuso. Poner orden en el desorden, pero partiendo siempre del desorden, de las referencias múltiples, de las llegadas por los sentidos y a través de la conversación. Para eso, apliqué el método de la selección aleatoria de lecturas acompañantes y seleccioné de los anaqueles de mi biblioteca, ocho libros que me habrían de acompañar en el experimento de construcción del texto. Los abrí al azar y procure en cada uno de ellos un párrafo. Con esos ocho párrafos en mente (algunos fueron utilizados y otros no, pero todos constituían parte de las notas de pre-producción) y con los resultados de las conversaciones elaboré el texto, que va al final a modo de conclusión.

Uno puede despertar mientras camina. Me sucedió hace unos días, cuando paseaba por la calle de Antoine Dansaert. Llevaba un tiempo indeterminado durmiendo o en un estado de semi-vigilia, sin darme cuenta que a mí alrededor se tejía una red social inaudita, de la que yo no tenía o no quería tener conocimiento. Eso se debe, quizás, al hecho de que como tantos hombres sedentarios ya no escucho lo que sucede a mi alrededor, voy con los oídos cerrados (2), como si fuese un ser insensible que mira sin ver, que oye sin escuchar, que huele sin percibir el aroma, que habla para sí mismo, pero no para los otros, que casi perdió la sensación del tacto, transformado así en el sentido más nostálgico.

Me encontraba, pues, siguiendo las enseñanzas del poeta sufí Jelaluddin Balkhi, más conocido como Rumí, en una región de dulce confusión, con la sensación de estar en varios lugares al mismo tiempo, escuchando múltiples sentencias que se acamaban por momentos. Entendía y no entendía nada de nada, pues precisaba cerrar los ojos para ver, finalmente, por el ojo de la sabiduría. Como decía la poeta danesa Louise Rosengreen(3), los genios son una minoría de la que yo, por descontado, no formo parte ni formaré. Entonces toda esa confusión se fundía en mi interior siguiendo una distribución fractal típica del movimiento caótico de fluidos (y que son las ideas sino fluidos).(4) Muchas voces al unísono, muchas historias contadas a medias en lenguas que no entiendo en absoluto o que sólo percibo a mitad. Difícil construir así un ensayo realista. Por eso, quizás, escogí la estructura de comunicación científica, tan apropiada para extraer conclusiones a partir de los datos y de la discusión sumaria de los mismos.


El texto: a modo de conclusión
Aquí, pues, el texto a manera de glosario y conclusión que destilé de las visitas, de los cuestionarios, de los datos y de las citas de los libros consultados, todos ellos macerados en un matraz de mezclar esencias:


“La barbería de los dos mundos

Desolación: Países sin tierra, sin estatuto propio, sin existencia. Campos de refugiados: la miseria ética y la puerta transparente. Ahora el silencio, y entonces una llama, un fulgor, un otro más que prende sin tener la certeza de porqué: Per avviare verso la verità bisogna sradicarsi, andar via y lontano da casa, strapparsi da ogni legame immediato(5).

Éxodo: Encrucijada de caminos. Sin más demora partir para sentir la frescura de la vida renovada. El viaje como deseo, como frustración también, en una constelación de objetivos, trazando espirales en la arena, urdiendo una geometría diferente.

Nostalgia: Indicios, restos de lo que uno fue, de la Tierra prometida, del Jardín del Edén. Toda ausencia convoca el reverso de los sentidos. Noche que muere al hilo de una luz que va brotando. Átomo de tiempo en su extraño fluir: la opacidad del diamante.

Encuentro: Despertar caminando. Ensoñar despierto. Sinbad el Marino, anclado en el muelle, escuchando historias para después repetirlas en la noche de frío y tormenta helada. Varias lenguas habladas al unísono. Sentencias que se acaman en un milhojas de sensaciones, de indicios, de resonancias.

Corolario: La barbería de los dos mundos. Cinco coordenadas del ser en el exilio: Mirar sin ver, oír sin escuchar, oler sin percibir el aroma, hablar para el interior, recuperar el tacto, el sentido más nostálgico. Todos, Alí, Mahmoud, Ibrahim, siguen su trazo constante en un labirinto de luces y de sombras.”


Bibliografía de lecturas acompañantes
Anonyme, “Esquive comme le papillon pique comme la guêpe”, Éditions Chemins et Ruines, Bruxelles, 2009
Benjamin, Walter, “Ouvres III”, Paris, Éditions Gallimard, 2000
Chollet, Mona; “La tyrannie de la réalité”, Paris, Éditions Gallimard, 2004
Davy, Marie Madelaine, “Le Désert intérieur”, Éditions Albin Michel, Paris, 1983
Lamarre, Melanie; dans “Sur Antoine Volodine et Bernard Lamarche-Vidal”, en “Inculte” 16, Magazine littéraire et philosophique, Édition Inculte, Paris, 2008
Rumi, “The esssential Rumi”, translated by Coleman Barks with John Moyne, Penguin Books, London, 1995
Varios autores, “The European Constitution in verse”, Passaporta-International  House of Literature-Brussels, 2009
Werber, Bernard: Le libre secret des fourmis (Encyclopédie du savoir Relatif et Absolu), Albin Michel, Paris, 1993


(1) El profesor Rosenzweig, de la Universidad de Berkeley, en California, estudió esa relación con hámsteres y llegó a la conclusión de que los hámsteres solitarios desarrollaban un tejido nervioso más pobre en conexiones y con las neuronas más pequeñas que aquellos que vivían rodeados de otros hámsteres y con gran cantidad de estímulos. Esta reflexión está extraída del capítulo “L’usure du cerveau”, del libro de Bernard Werber: Le libre secret des fourmis (Encyclopédie du savoir Relatif et Absolu), Albin Michel, Paris, 1993.

(2) Marie Madeleine Davy, en su libro “Le Désert intérieur” (Éditions Albin Michel, Paris, 1983), dice : « Mientras los nómadas están siempre a la escucha, los sedentarios cierran el oído a todas las voces »

(3) El texto aparece como el articulo 16 de la “Constitución Europea en verso” bajo el epígrafe, “respeto a las minorías”, que forma parte del capítulo de los “Principios".

(4) Las ideas son resultado de las conexións nerviosas y, por tanto, fruto del tránsito de electricidad entre neuronas que transmiten impulsos, que precisan a su vez de minerales como el calcio o de neurotransmisores como la dopamina o la acetilcolina. No sólo circulan de un lado a otro y en esa circulación tienen su  fuerza, sino que no tienen propietario absoluto. ¿Quien sabe si antes de Kant no existió alguién que pensó –aunque no lo registrase punto por punto- lo mismo que él pensó, quien puede certificar que las ideas de Einstein o de Darwin, de Lavoisier o de Gauss, no circularon antes en otro lugar del Universo? 

(5) Cita encontrada en un cuaderno de bolsillo, de la autoría de Claudio Magris