El río de Bruselas: “Roostergebouw”


download pdf

 

Xavier Queipo

Hace dieciocho años, cuando llegué por primera vez a Bruselas, no podía ni imaginar que no tuviese río. Consultando el plano de la ciudad quedé convencido de que la ciudad tenía canales, pero no tenía río. Años después, un amigo me mostró un mapa antiguo de la ciudad en el que se podía distinguir La Senne/ De Zenne, que así se llama el río de Bruselas.

Hoy, de regreso del país de los cien mil ríos que es Galicia, se me despertó la curiosidad por localizar el De Zenne, una leve línea azul que se distingue en el sudoeste del mapa. Me acerco a la Rue des Veterinaires, y allí, entre una estación de servicio y un lavado de coches, hay dos caminos: uno asciende hacia la vía del tren y el otro se pierde en una zona arbolada. Elijo, por supuesto, el segundo, y enseguida puedo vislumbrar una corriente de agua rodeada por la típica vegetación de ribera. Una reja anuncia la entrada en el abismo de La Senne, condenada a vivir bajo tierra.

Es de noche. La luna se espeja en las aguas jaspeadas de espuma. Algo llama por mí. Armado de inconsciencia y valor desciendo hasta el cauce, y entre las sombras encuentro la reja impenetrable. Los efluvios. La espuma fosforescente. Non sé ni como ni cuando se abrieron branquias en la garganta, surgieron escamas en los flancos, los ojos mudaron de lugar y de

forma, como un guante se retorció la pelvis: el ano central, el sexo escondido y frío. En la resaca del tiempo cambié en trucha y pez saltarín del fango, en salamandra y yacaré, en simio descendiente de Hanuman, el mono gramático, el de rictus tenaz y aullido estridente, el de languidez solar y furia carnívora.

Despierto con la boca seca y los párpados pegajosos. Miro mi cuerpo: brazos esbeltos, piernas fuertes, orejas sin lóbulo, vientre emergente y nariz entupida y curva. Repaso la genealogía de las mutaciones, el baile de una hélice que descifra compases, que se enrosca sobre si misma, que se amalgama y se pliega, que es deshielo de glaciar antiguo y lava gris de volcán durmiente: misterio de la cuerda que no ata.

Bruselas tiene con certeza un río. Durante la noche, llevado por ese río, que es el de la memoria y el tránsito, atravesé la ciudad entera. En la distancia suena el estruendo de los automóviles. Yo ya no estoy en roostergebouw, sino tumbado en un campo de hierba, cerca de la antigua prisión de Vilvoorde.